Cuando hablamos de ejercicio terapéutico en el contexto de la fisioterapia, nos referimos a un plan de movimiento diseñado y supervisado por un fisioterapeuta para mejorar tu salud, recuperar funciones perdidas y prevenir recaídas. No es “ir al gimnasio”; es trabajar con método, ciencia y sentido clínico.
Es hacer ejercicio adaptado al paciente, a sus contextos, gustos, preferencias y motivaciones, a la patología o disfunción, al momento en que se encuentra la persona, a las peculiaridades anatómicas, a los factores etiológicos, favorecedores, desencadenantes, y de perpetuación, con modificación de signos comparables, con una gestión y progresión adecuada de la carga, supervisado por fisioterapeuta.
En mi caso, Carlos Quevedo de Miguel, fisioterapeuta colegiado en el País Vasco (nº 2721). Llevo más de 8 años utilizando el ejercicio como herramienta principal en consulta. Mi foco no es que rindas más, es que vivas mejor. Por eso, cuando alguien me pregunta por el ejercicio terapéutico en la fisioterapia, le explico que se trata de una intervención activa con objetivos concretos: disminuir el dolor, mejorar el rango de movimiento, aumentar la fuerza y optimizar la capacidad cardiorrespiratoria y metabólica. Todo ello, con seguridad y progresión.