Generalmente, surgen como consecuencia de sobrecargas musculares, movimientos repetitivos, malas posturas o lesiones previas que no han sido bien recuperadas. A menudo, un punto gatillo activo puede “despertar” otros satélites cercanos, perpetuando la cadena de dolor y disfunción.
El sistema nervioso se conecta con el sistema muscular a través de unas zonas dentro del músculo denominadas placas motoras. Estas utilizan un neurotransmisor, que es la acetilcolina para provocar la contracción. Digamos que la señal eléctrica llega a la placa motora, se libera acetilcolina y cuando esta llega a la membrana postsináptica, se produce la reacción química que provoca la contracción muscular.
Un punto gatillo ocurre cuando la placa motora se vuelve disfuncional y mantiene la liberación de acetilcolina constante. Aunque, en la evidencia no queda claro los mecanismos de perpetuación de la liberación de acetilcolina, ni de la punción seca como técnica, se sabe que la aplicación de la misma tiene un cambio sobre el pH del músculo y los mediadores de la inflamación que aparecen en esta zona de dolor.
La hipótesis integrada más reciente habla de la ruptura de la placa motora para la creación de una nueva. Así se rompe el círculo de segregación constante y disfuncional de acetilcolina y la desaparición del punto gatillo.
En nuestro enfoque de punción seca, hemos comprobado que, al atacar directamente estos focos de tensión con la aguja, se rompe el círculo vicioso de contracción, se mejora la circulación local y se restablece el metabolismo muscular. Esta liberación se traduce en una notable mejoría de los síntomas y en el aumento de la movilidad.